Pecho a pechito

hace 1 semana

Redacción/De Peso
MÉRIDA, Yucatán.- Palabrería hueca, insultante Ya transcurren casi tres meses y poco más de 30 días de los asesinatos de Miroslava Breach Velducea y Javier Valdez Cárdenas, corresponsales de La Jornada en Chihuahua y Sinaloa, respectivamente, y hasta el momento la palabrería sobra y sobra.

“Mucho bla bla y poco glu glu”, dirían los antiguos amigos de mi vecindario. Les recordamos algo de la palabrería.

En el caso de Miroslava, ultimada a balazos el pasado 23 de marzo cuando estaba acompañada de su hijo menor, el mandatario de Chihuahua, el panista Javier Corral Jurado, se mantiene en su dislexia de siempre: “Algunos de los asesinos intelectuales y materiales de la periodista Miroslava Breach ya están identificados”.

Y asegura que la propia reportera “desestimó” y no denunció amenazas que había recibido por su trabajo. En una entrevista con la prensa, Corral insistió en que las primeras líneas de investigación sobre el crimen cometido sí apuntan a represalias contra Miroslava Breach por haber documentado “frontalmente, constantemente” la actividad del narcotráfico.

El gobernador subrayó que Breach “insistió” y fue “persistente” en la documentación de esa actividad criminal, pero descartó que él estuviera enterado de recientes amenazas contra la periodista.

Lo que sí dijo Corral es que, personalmente, pudo revisar los avances en las pesquisas, que ya permiten identificar a algunos primeros responsables, tanto intelectuales como materiales, de los cuales no dio detalles.

La reportera de Chihuahua fue asesinada cuando abordaba su auto para llevar a uno de sus hijos a la escuela.

Era al menos la tercera periodista del país víctima de homicidio en lo que va de 2017.

Como se podrá observar, el panista se distingue por su “aguda visión” al asegurar que la periodista fue asesinada por sus labores informativas relacionadas al narcotráfico y el crimen organizado. Muy inteligente el sujeto.

Y en lo que corresponde a Javier Valdez Cárdenas, el periodista sinaloense fue obligado a arrodillarse para asesinarlo el lunes 15 de mayo, en la avenida Vicente Riva Palacio casi esquina con Ramón F. Iturbe, en Culiacán, Sinaloa.

Aunque ninguna cámara de videovigilancia captó el suceso, fuentes bien informadas documentaron a La Jornada que, según testigos presenciales, sus asesinos lo bajaron de su automóvil, lo obligaron a arrodillarse y así le dispararon.

“Por eso su característico sombrero se mantuvo sobre la cabeza, mientras sus manos terminaron debajo de su cuerpo y sus piernas quedaron extendidas y juntas sobre el asfalto de la avenida…”.

Funcionarios ligados a la investigación del homicidio del periodista y escritor revelaron en su momento a La Jornada detalles que han sido recopilados desde el trágico suceso. Chequen.

“El Corolla rojo, placas VMY4906, circuló más de 100 metros, llegó frente a la estancia infantil Los Jardines y allí un coche blanco le cerró el paso.

En el lugar no hay huellas de frenado intempestivo, tampoco rastros de choque. Los investigadores suponen que el periodista se detuvo como si se tratara de una cortesía para que otro vehículo se incorporara a la vialidad.

Dos hombres encapuchados descendieron del auto blanco y obligaron a Javier Valdez a abandonar su unidad.

Los testimonios refieren que el periodista fue amagado. Sacó las bolsas de su pantalón de mezclilla como si se tratara de un robo. Los encapuchados hablaron con él un minuto o dos y lo hicieron arrodillarse.

El periodista colocó las rodillas sobre el asfalto candente; a esa hora, las 12, el termómetro marcaba 29 grados, según las estimaciones. Javier Valdez Cárdenas, sin quitarse el sombrero, se arrodilló, colocó las manos al frente, sobre sus piernas, y se habría agachado. Así le dispararon 12 veces. Cayó de frente.

“Cuando llegaron los paramédicos ya había fallecido. Colocaron una manta azul sobre su cuerpo, solamente la cabeza y el sombrero sobresalían”, reportó en su momento el periódico capitalino.

Así, más o menos, trascurrieron los sangrientos sucesos que cegaron dos vidas, aunque antes ya habían caído otros cuatro o cinco en diversas zonas del país y sólo abundó la palabrería barata y las poses fotográficas de los funcionarios que, como siempre, alabaron la libertad de expresión -de dientes para afuera- y chance –de dientes para adentro- se congratularon con las bajas de los colegas.

Hasta el momento, nada ha cambiado. La justicia todavía no llega para cualquiera de los casos. Con seguridad no habrá resolución alguna. La razón es simple: no les interesa a las autoridades aclarar dichos crímenes, están más preocupados en cómo enfrentar las elecciones de 2018. Por supuesto, el crimen organizado estará de plácemes.

La soledad, el desamparo y los rollos baratos acompañan a los periodistas, sobre todo, a los que laboran en “zonas de guerra”. Urge la unidad. Es la única llama de esperanza.

Amiguitas y amiguitos, ya saben: sugerencias para que las palabras huecas encuentren un mejor “hueco”, enviarlas a [email protected] y/o [email protected]

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