Enigmas: La Hechicera de Maní

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Jorge Moreno
MÉRIDA, Yuc.- La señora Olivia Ventura, oriunda de la Ciudad de México pero que radica desde hace poco más de dos años en Mérida, estuvo de visita en el Museo Paranormal y nos comentó que no se pierde el periódico De Peso para enterarse de los casos de leyendas y enigmas que publicamos y nos pidió que habláramos sobre la leyenda de la profecía de “la hechicera de Maní”.

Se cuenta que en la época de esplendor maya vivía una hechicera que fue dotada con el don de la adivinación por los dioses del mayab; todo lo que decía se cumplía, aunque algunas predicciones muy a futuro no se entendían. Ella era respetada por los grandes señores del Mayab, los sacerdotes y los h’men, que también son adivinos y sabían que era infalible en lo que decía y no fallaba.

Por ello, todo el pueblo quería conocer las profecías de la Xunci-Maní (vieja de Maní), ya que la gente se arremolinaba en torno a ella y guardaba un silencio reverente, y así, momentos después salía de su choza oscura y tétrica, levantaba las manos en alto y pronunciaba las palabras mágicas que sólo los espíritus del monte podían entender. Si el cielo estaba azul y sereno se llenaba de barruntos, se oscurecía la luz y pesadas tinieblas caían sobre Maní.

Entonces, la Xunci-Maní hablaba. A través de su boca desdentada escapaban las más increíbles profecías y cuentan los viejos de entonces y los sabios escribas que así lo registraron en glifos y en figuras pintadas en piel de venado, que un día quemó un inculto y asombrado obispo, que la Xunci-.Maní profetizó todas las cosas que entonces ocurrieron y están ocurriendo y ocurrirán.

La vieja de Maní dijo que un día no muy lejano, llegarían a las tierras del Mayab hombres extraños que diezmarían a la raza y la cubrirían de sangre, de penas y de llanto, y que todo cuanto hubiere en la tierra ceñida por el mar inmenso y el Mar de las Turquesas (Pacífico y Golfo de México) sería destruido y nuevas doctrinas y nuevas costumbres, y muchas cosas malas entre ellas la esclavitud.

Décadas después, la llegada de los conquistadores españoles con su inaudita rapiña y la destrucción de la cultura maya y azteca, le dio la razón a la adivina. Dijo también que llegaría el tiempo en que el hombre no tendría necesidad de caminar, porque extraños animales de movimiento propio lo trasladarían a largas distancias y que llegarían grandes pájaros para llevarlos de un reino a otro sin el menos esfuerzo. Se entiende que esta profecía de la Xunci-Maní se refiere al automóvil y al avión.

Cuentan los viejos (así está escrito en sus códices y en los templos), que también la Xunci-Maní dijo que el hombre podría hablar con el hombre a larga distancia, sin que nadie impidiera el que fuese oído. Esto se relaciona con el teléfono y demás medios de comunicación inalámbrica.

Asimismo vaticinó que en pueblos lejanos a los que con el paso de los años el hombre del Mayab conocería, se desatarían cruentas guerras y habrá pestes y hambres y sed, y muchas necesidades. Las guerras mundiales están relacionadas con esta profecía.

Pero hay algo más y esto llenó de terror a sacerdotes, h’menes y grandes señores del Mayab, porque dijo la Xunci-Maní que llegaría el día en que el mundo entero (tal vez se refirió al universo) o solamente a nuestra Tierra, desaparecería y quedaría muerto para siempre, quieto y flotando entre los cielos infinitos, porque siglos antes había ocurrido una catástrofe en que pereció el mundo al ser cubierto por las aguas y sólo quedaron las semillas, así de las plantas, animales y del hombre con lo cual volvió a renacer la vida (¿El Diluvio?), pero esta vez el mundo verá su fin por medio de una sequía espantosa.

Poco a poco se irán secando las aguas, así las dulces como las amargas, las saladas y cristalinas como las rebotadas y turbulentas. Todos los hombres caminarán sedientos sobre la faz de la tierra y no hallarán agua para calmar su sed ni para sobrevivir; hombres mujeres y niños hallarán la muerte más espantosa y los dramas más terribles tendrán lugar a la orilla de las fuentes, de los que antes eran dulces manantiales, en los cenotes y en las sartenejas.

Y tanta sed, tanta sequía agobiará al mundo, que todo se incendiará, se secará y esta vez no podrán sobrevivir ni las semillas ni los recuerdos.

Terminadas las profecías, la Xunci:Maní entraba a su choza y entonces el cielo volvía a ponerse azul, volaba el pájaro “e-pip” y la luz volvía a brillar sobre el cielo del Mayab.

Pero nadie osaba preguntarle a la vieja adivina y hechicera cómo debían contarse los tiempos de su profecía, nadie trataba de interrogarla porque todo lo dicho por la Xunci-Maní los llenaba de terror, los sobrecogía esos horrendos vaticinios, ese profetizar entonces inexplicable. Porque en ese entonces aún no llegaban a la Gran Maní, en huida y buscando refugio la raza Tutul-Xiu

Pasaron los años y nadie supo cuándo ni cómo murió la vieja hechicera de Maní. A la llegada de los españoles cuentan que se halló a la vieja petrificada sentada bajo la ceiba en donde estuvo su choza y otros aseguran que no era el cuerpo de la vieja, sino una escultura en piedra que alguien esculpió para perpetuar su memoria.

El caso es que un día, cierta mañana, el sol sorprendió a la “tunkuluchú” (lechuza) graznando todavía entre el follaje cercano al sitio donde estuviera la choza de la bruja alguien que pasó descubrió que la estatua de la mujer había sido decapitada y en el lugar donde estaba la cabeza o sea el cuello, brotaba aún la sangre.

Entonces, se escuchó de entre la selva, una voz siniestra, cascada, que decía que el día en que la cabeza de la Xunci-Maní volviera a su sitio, la última de las profecías sería cumplida. Y como todo lo que se cuenta en esta leyenda ha resultado, todos los hombres del Mayab y del mundo esperan con terror el otro, el verdadero final del mundo que predijo en forma tan horrible la Xunci-Maní o vieja de Maní.

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