playa
Aventurarse a hacer el amor en la playa es solo para valientes.

Hola, hola cariñitos, ya ansiaba que llegara este día para abrirme con ustedes, me refiero al corazón y confianza, para contarles lo divertido que me la pase el fin de semana; pues fui a la playa, la verdad para descansar un poco y tirarme al sol como iguana para broncearme un poco.

Antes de salir de casa me arme con un termo con tequila, limón y refresco con mucho hielo, unas botanas, audífonos, toalla y mini bikini, lista para lo que fuera. ¡Todo se vale siempre que estás en modo ‘me vale’!

Ya que llegue, acomode mis cosas, me quite la ropa y me recosté, mostrando mi trasero y  me acomodé el bikini para hacerlo más pequeño, casi hasta donde se veía la rayita y poco quedaba para la imaginación; aprovechando el calor también me desabroche el bra, dejando mi espalda descubierta. Me coloque los audífonos y me quede dormida unos minutos.

Al despertar y acomodarme para recostarme boca arriba (ya que me había acomodado el bra), también para refrescarme un poco me di cuenta que un par de jóvenes me veían con insistencia, tenían esa mirada matadora, la que no disimula que te traen ganas; decidí ignorarlos y seguir disfrutando de la playa. Ellos se fueron acercando a dónde me encontraba.

Cuando me di cuenta, ya los tenía a un lado; uno de ellos fue el valiente en invitarme algo de tomar, aunque decidí quedarme con mi bebida, les seguí la plática. Hablamos de cosas sin sentido y ya entonados nos metimos a nadar. ¡Qué buena jugada de esos dos!

Fingiendo que no sabía nadar, le dije al más guapetón que me ayudará, lo que rápido aprovechó para tomarme de la cintura y acercarme a él. Tal vez el agua estaba muy fría o no tenía el paquete que me estaba imaginando por que no se sentía nada en su entrepierna. Mientras el otro se mantenía cerca, al acecho de cualquier movimiento para comenzar la acción.

A falta de primer movimiento, me lance al ruedo y sin más abrace al guapito, coloque mis piernas en su cintura y lo bese. ¡Por fin reaccionó! No estaba nada chiquito ese chamaco. Ese fue el momento que aprovechó el mirón para acercarse y comenzar a tocarme por detrás, dándose un agasaje explorando cada rincón de mi cuerpo.

La cosa se fue poniendo candente, tenía dos hombres que atender. Antes de que este par reaccionara de manera precoz, pues no nunca sabe lo que se puede encontrar, deje que el guapito me tomara con toda libertad, así lo pude sentir con fuerza y movimientos del mar, mientras que besaba al otro chico y lo masajeaba con mis manos, para que no se sintiera excluido.

El vaivén del mar facilitó mucho la ajetreada y con cuatro manos sobre mi cuerpo, tuve un corto pero sabroso orgasmo ¡gracias chicos, ya se pueden ir a su casa! Pero como soy buena onda, espere a que hicieran lo suyo, que no tardó mucho y ya nos despegamos. Cada quien se refrescó un poco antes de salir del mar y volver a recostarnos. Pasamos el resto de la tarde platicando y tomando, hasta que llegó la hora de irnos y con un dulce beso nos despedimos.

 

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