Decenas de manos pequeñas se encontraban marcadas sobre el vidrio del auto empolvado.

Jorge Moreno/ De Peso
YUCATÁN.- Muchos creen que las almas de los niños que mueren de forma trágica, nunca logran tener descanso, por diversas partes de país y del mundo suelen existir leyendas parecidas a esta que a continuación contaré y que me sucedió en San Antonio Texas, tras intentar descubrir si esta historia era o no real.

Leyenda

Un día, los chicos de una clase de primaria fueron a una excursión. Se montaron todos en el autobús escolar y se pasaron el día completo afuera, sin imaginar la desgracia que el destino les había reservado. Al atardecer, el bus se dispuso a regresar al colegio donde serían recogidos por sus padres, sólo que durante el trayecto tenían que pasar cerca de la estación de ferrocarriles”.

“Ansioso por terminar con su turno, el conductor quiso tomar un atajo y sin avisarles a los profesores, decidió atravesar una de las vías, aparentemente solitaria. Justo cuando se encontraba en medio, el autobús se apagó y el silbido distante de una locomotora se anunció, aterrando a los niños”.

“Desesperado, el chofer intentó encender el transporte una y otra vez sin éxito. Las puertas no respondían, estaban atrapados en el interior. El tren dobló una curva y se dirigió a toda velocidad contra ellos. Esa noche todos los niños murieron. Desde entonces se dice que las vías aquellas están malditas”.

En persona

“Por mera curiosidad, mi primo y yo decidimos visitarlas para averiguar si aquello era verdad, ignorando las advertencias de muchos vecinos. Recuerdo que al llegar nos estacionamos lo más cerca que nos fue posible; estábamos tan nerviosos, que cuando mi primo me sugirió que volviéramos a casa no puse ningún pretexto”.

“Sin embargo, antes de que pudiera arrancar el coche, algo insólito sucedió: el auto comenzó a rodar solo hasta las vías del tren. Aterrados, tratamos de salir, en vano. Cinco largos minutos transcurrieron hasta que el coche paró y finalmente, pudimos encenderlo”.

Manitas

“Ninguno de los dos pudo conciliar el sueño durante las horas siguientes. Decidimos salir de San Antonio esa misma noche y tras seis horas de camino, sin hablar en la carretera, fuimos capaces de estar frente a nuestro hogar. Al bajarnos del vehículo, nos dimos cuenta de que este había acumulado una buena cantidad de polvo durante el camino. No obstante, no fue ese detalle el que nos heló la sangre”.

“Sin dar crédito a lo que veíamos, nos quedamos mirando las ventanas con atención. Decenas de manos pequeñas se encontraban marcadas sobre el vidrio”.

“Hasta ahí finaliza el relato, y así como éste hay decenas de personas que afirman haber vivido lo mismo, ya sea que de pronto se apaguen los autos junto a las líneas del tren o bien que aparezcan huellitas de niños en los mismos”.

Con información de De Peso Yucatán.

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