Se dice que muchos de los hogares donde existían copias de estos cuadros, fueron reducidos a cenizas por incendios de extraña procedencia.

Jorge Moreno/De Peso

MÉRIDA, Yuc.- Cuando se realiza un pacto satánico, éste puede ser tan fuerte que dure por generaciones y perjudicar hasta a personas que no tengan nada que ver con el autor original del mismo; esto viene a colación porque hoy hablaremos de un par de pinturas que estaban en Tixkokob y Umán, las cuales a pesar de ser réplicas de los originales, causaron más de una desgracia debido a un embrujo.

Bruno Amadio, mejor conocido como Giovanni Bragolin, fue un pintor nacido en Italia, conocido como “El Pintor Maldito”. Es el autor de una serie de 27 retratos en los que pueden verse a niños que lloran. Lo llamativo de estos cuadros es que los rostros de los niños resultan sumamente realistas, sobre todo sus miradas.

La leyenda cuenta que como el pintor no tenía mucha fama con sus pinturas, hizo un pacto con el diablo por medio del cual obtendría reconocimiento y fortuna; curiosamente, a partir de entonces la serie “Niños Llorones” tuvo un éxito tremendo. La historia cuenta que uno de los niños retratados vivía en un orfanato, del cual no quedó nada después de un colosal incendio. Muchos niños murieron y se presume que el pequeño de la pintura murió también, pero que su alma quedó atrapada en el cuadro.

Se dice que muchos de los hogares donde existían copias de estos cuadros, fueron reducidos a cenizas por incendios de extraña procedencia; lo sorprendente es que en la mayoría de los casos los cuadros de los niños quedaban casi intactos sobre las paredes carbonizadas. Otra versión dice que los cuadros retratan el sufrimiento de niños o almas inocentes que están siendo testigos de imágenes infernales.

De ahí que se piense que estos extraños retratos traen mala suerte a cualquiera que se atreva a tenerlos, pues originan desgracias, peleas y discusiones familiares y miedos incomprensibles en los niños. Se cuenta también que de los cuadros provienen voces y psicofonías, al parecer de niños que sufren o ríen. Muchos testigos afirman que estos cuadros tienen algo particular, pues desde donde se les mire, parece que los ojos de los niños siguen al espectador. No obstante, parece ser que la maldición solamente recae en aquellos que saben que el cuadro está encantado

Consecuencias en Yucatán

Lo increíble del caso es que miles de personas en todo el mundo que han adquirido copias de estas pinturas han reportado fenómenos similares o sucesos insólitos, tal como ha ocurrido en Umán y Tixkokob.
Y es precisamente de este segundo municipio en donde un policía me entregó una copia que estuvo en la comandancia por un tiempo, se lo habían entregado a otro oficial, quien al tenerlo en su domicilio empezó a notar cosas extrañas y prefirió sacarlo de allí.

Y cuando en el Palacio se empiezan a dar una serie de situaciones fuera de lo común, aprovecharon una conferencia que di en ese sitio (en el año 2011) para entregármelo, pues temían que ocurrieran cosas más graves.

Y desde ese entonces a la fecha lo tenemos en nuestras oficinas; de hecho ya suman cuatro los cuadros similares (réplicas de Bruno Amadio) que me han entregado personas que no se conocen entre sí pero que tienen algo en común: han comprado estas pinturas por gusto y les han ocurrido fenómenos paranormales en sus casas.

 

Información tomada de De Peso Yucatán 

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