Dani Cositas
No hay mejor que viejo conocido para quitarse el frío.

¡Hola! Qué gusto tenerlos otra vez aquí conmigo, juntitos, después de mi triste experiencia con ‘Sindi’, ya lo recordarás el chico del bar con la sonrisa pausada, pensé que no tendría suerte esta semana, pero el clima estuvo a mi favor y con el frío que se ha sentido estos días, pues me dieron más ganas de ‘cucharear’ para entrar en calor.

Como no tenía ganas de salir a cazar recurrí a la vieja confiable, tome mi teléfono y busqué a uno de mis ‘amigos’ para vernos y salir por un café, por que hacía mucho frío para una cerveza. No era la primera vez que tenía un encuentro con él, pues además de ser buenos amigos nos acomodábamos bien en la cama, una linda e íntima amistad con el acuerdo de ‘quitarnos la comezón’ cuando el otro estuviera disponible y necesitado.

Así después de pasar algunas horas en el trabajo, me arregle un poco y salí a la cafetería donde quedamos. Antes de que siga, debo de decirte que ese día, sabiendo cómo terminaría, decidí ponerme una falda corta con medias de red y unas botas de tacón alto, traía una blusa un poco escotada y me cubrí con una bufanda; además, usé poco maquillaje aunque resalte mis labios con un rojo pasión.

Lo primero fue ‘chismear’, ponernos al día, más bien haciendo tiempo para que alguno de los dos propusiera ir a la casa del otro para calentarnos, y como aquel no se decidía, lancé la indirecta muy directa, “entonces, ¿ya vamos a mi casa?”, le pregunte y sin más dejamos el dinero de lo que consumimos y salimos del lugar.

Cuando subí a su auto, mi falda quedó un poco más arriba, algo que mi amigo supo aprovechar muy bien, pues camino a mi casa su mano recorrió mi pierna y comenzó a acariciarme suavemente. Mientras, le regrese el favor al tocarlo sobre su pantalón para estimularlo y no perder más el tiempo. El trayecto se hizo corto y las ganas de  iban en aumento.

Ya que llegamos, más me tarde en abrir la puerta y entrar a la casa, que el tiempo que tardó él en quitarme la bufanda y meter las manos bajo mi blusa para tomar con fuerza mis senos y estrujarlos, como si los hubiera extrañado, seguramente así fue; me giró para estar de frente y comenzamos a besarnos con un poco de rudeza.

Sin dejar de tocarnos e irnos quitando la ropa en el pasillo, llegamos a la recámara, donde termine por quitarle el pantalón y saludar de cerca a mi otro ‘amigo’, que emocionado me recibió con tal firmeza que no pude evitar hablarle más de cerquita, hasta que, sin que lo esperara, me llenó la boca de… que no tuve de otra más que tragarlo; el caso es que no fue el final de la batalla, a penas estamos entrando en calor.

Mientras la temperatura del ambiente iba bajando, en mi recámara el calor se ponía más intenso… el espacio de la cama fue poco para todo lo que hicimos esa tarde, terminamos agotados, sudorosos y felices. Después de tomar un descanso y algo de tomar para recuperar fuerzas, se vistió y se fue esperado la próxima llamada.

 

 

 

 

 

 

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