Vidas ejemplares: Cementerio de basura

hace 1 semana
Vidas ejemplares: Cementerio de basura

Harrison Graham fue condenado a muerte, pero los exámenes psiquiátricos ulteriores no pudieron demostrar qué tan severa era su enfermedad mental, por lo que las autoridades decidieron sentenciarlo a prisión de por vida.

Rollo: José Luis Durán King/De Peso
MÉRIDA, Yucatán.- Un grupo de inquilinos se quejaba constantemente del aroma a putrefacción que emanaba de un departamento en Filadelfia. Al arreciar las protestas, el hombre que ocupaba la vivienda tuvo que mudarse, no sin antes solicitar que nadie ingresara a su propiedad en renta, pues —explicó— aún había algunos muebles por rescatar.

El individuo nunca regresó. El 9 de agosto de 1987 la policía, al mando del oficial Pete Scallatino, derribó la puerta del departamento y una sucursal del infierno se abrió ante los ojos de los uniformados, solo que en lugar de lenguas de fuego encontraron kilos de basura: jirones de prendas de vestir, revistas, platos con desechos de comida, jeringas, cucharas, vasos y botellas rotos, así como excremento de animales y humanos.

Aun así, el aroma a putrefacción era demasiado para ser solo producto de la acumulación de basura. El grupo de oficiales se distribuyó por la casa de dos plantas. Scallatino caminó hacia una de las habitaciones.

La puerta estaba cerrada. El agente intentó abrirla, pero algo la obstruía. Se asomó por el ojo de la cerradura y vio lo que parecía ser un cuerpo humano. Con la participación de algunos elementos a su cargo lograron que cediera la hoja de madera.

Efectivamente, era el cadáver desnudo, en proceso de descomposición, de una mujer negra. La oscuridad del apartamento impedía el progreso de la investigación. Con la ayuda de lámparas descubrieron un cuerpo más, también de una afroamericana.

Scallatino y sus ayudantes no se reponían de la sorpresa cuando escucharon el grito de unos compañeros anunciando que habían encontrado un esqueleto bajo la basura en la segunda planta del inmueble. Minutos más tarde fueron rescatados otros restos ocultos en un armario.

La lluvia, la oscuridad de la noche y la gran cantidad de desecho evitaban que la policía continuara su auscultación. La jornada se cerró con la recuperación de seis cuerpos de mujeres, aunque en ese momento se desconocía si todas eran afroamericanas.

Al otro día, después de remover la basura del apartamento y de buscar en terrenos adjuntos, las autoridades hallaron un último cadáver.

Los vecinos señalaron que el hombre que había ocupado la vivienda se llamaba Harrison Graham, un afroamericano de 28 años, a quien sus conocidos consideraban un individuo tranquilo que no se metía con nadie. Nadie ignoraba que “Marty”, como sus amigos apodaban a Graham, era un adicto a las drogas. Pero de ahí a pasar al asesinato serial, todos lo ponían en duda.

Transcurrieron varios días antes de que el sospechoso se entregara a la policía a instancias de los consejos de su madre.

Graham padecía retraso mental que se había agudizado con el consumo de estupefacientes. Explicó que su primera víctima fue su novia, quien era muy dominante y con la que el sexo no resultaba placentero. Tras una discusión fuerte, Graham estranguló a su pareja.

Posteriormente violó varias veces el cadáver. El gozo que experimentó con el cuerpo muerto, resultó incomparable para Graham. Como tenía miedo de deshacerse del cadáver sin que la policía lo descubriera, simplemente decidió conservarlo en su apartamento.

Con respecto a las otras víctimas, señaló que las contactaba en bares, las invitaba a pasar la noche con él, aunque no se explicaba cómo es que las mujeres amanecían muertas a su lado, lo que no era obstáculo para que obtuviera gratificación sexual con la práctica de la necrofilia.

Harrison Graham fue condenado a muerte, pero los exámenes psiquiátricos ulteriores no pudieron demostrar qué tan severa era su enfermedad mental, por lo que las autoridades decidieron sentenciarlo a prisión de por vida. Correo: [email protected]; www.twitter.com/compalobo

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