Enigmas: El alma en pena de Yalsihón

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Jorge Moreno
MÉRIDA, Yuc.- Hoy les presento el relato paranormal de un policía que labora en la corporación desde hace varios años, sobre un suceso que le ocurrió a la entrada de la comisaría de Yalsihón (Tizimín).

“Mi nombre es Gustavo y me gustaría que publicaran mi historia verídica, y siempre he leído De Peso y más desde que empecé a ver que ponen los casos de fantasmas que le han ocurrido a los colegas policías de todo el estado.

“Hace seis meses, tuve dos días de descanso y aproveché para ir a visitar a mis abuelos al pueblo de Panabá, además de que tenía tiempo que no los veía, uno de mis sobrinos, que vive allí, tenía su computadora descompuesta y como sé de reparaciones quise aprovechar para llevarle una que ya no me servía en la casa y de paso componer la de él, que de antemano está muy viejita y por consiguiente muy lenta.

“En el camino de ida no pasó nada raro, quizás porque fui de día; al día siguiente me quité de allí a eso de las 8 de la noche, pues el viaje es largo ya que son mínimo dos horas de retorno a Mérida.

“Agarré mi vocho y de bajada empecé a escuchar música; viajé solo porque a la ida llevé a mi mamá, pero ella decidió quedarse unos días más; quiero aclarar antes de decirles lo que me pasó, que años atrás trabajé como chofer y por eso estoy acostumbrado a viajar de noche.

Inolvidable rostro

“El caso es que a la altura del entronque de Yalsihón, cerca de donde hay un rancho maderero, de pronto vi a una persona que pedía parada. Al principio, por instinto bajé mi velocidad, pero no para detenerme, pues sé que es peligroso ayudar a desconocidos, pero conforme me fui acercando grande fue mi sorpresa al ver que el rostro de esa persona, estaba ¡desfigurado y con sangre!

“Momentos antes sentí mucho frío y fue tal mi impresión que me persigné, pero por un instante creí que a lo mejor sufrió un accidente y necesitaba ayuda; no había yo avanzado ni siquiera 50 metros cuando decidí dar vuelta en U para ver si lo podía ayudar, pero para mi gran sorpresa ya no había nadie.

“No era posible que se hubiera ido o se hubiera guardado, pues no tardé ni diez segundos en maniobrar mi auto, además si fuera una persona que estuviera pidiendo ayuda menos se guardaría.

“Pero eso no es lo más extraño y hasta terrorífico, ya que cuando maniobré de nuevo para continuar mi viaje a Mérida, al ver en el espejo retrovisor me doy cuenta que hay una persona sentada en el ¡asiento trasero! Y con la cara llena de sangre, es decir, era la misma persona que momentos antes vi.

“No había forma que se hubiera subido, pues nunca frené por completo, además de que los vochos sólo tienen dos puertas; instantes después desapareció, evidentemente se trataba de un fantasma, vaya que me dio miedo esa noche, estuve temblando el resto del camino y fui muy lento a 40 ó 50 por hora, sobre todo con el temor de que aparezca de nuevo y me hiciera algo o que me haga dar un volantazo.

“Cuando le conté esto a mis parientes, me dijeron que a lo mejor se trataba del alma en pena de alguna persona que falleció en ese tramo de la carretera y que no puede descansar en paz. Yo no sé que fue pero desde eso no he regresado al pueblo y créanme que no lo haré pronto y menos manejando solo”, finalizó.

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